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crónicas de viajes : rumanía
Viajes

 

Rumanía en cuatro días.
Brasov, Bucarest y Constanza


Texto e imágenes: Juan Carlos Enrique. Mapas: Recursos públicos en la red.

 

ESCAPADA A RUMANÍA
(5/3/2008)

Un corto viaje de trabajo me llevará la próxima semana hasta Rumanía. Durante escasamente cuatro días, haré lo posible por conocer más sobre un
país con el que tengo cierta vinculación personal. No en vano en mi ciudad, Castellón, hay una de las más importantes colonias rumanas en el extranjero, y ello provoca que tenga contacto diario con inmigrantes de esta nacionalidad. Será pues interesante acercarme a conocer este rincón de la Europa del Este, que acaba de incorporarse a la Unión Europea.

El viaje, rompiendo mis habituales esquemas, no será en solitario y a la aventura, sino que lo compartiré con Ricardo y Oscar, dos empresarios de mi ciudad y Claudío un empresario rumano afincado en Castellón que hará la función de guía y traductor, lo que sin duda quitará emoción al viaje. Pero estoy seguro de que encontraré mis espacios para empaparme de esta cultura que me resulta al mismo tiempo tan cercana, como lejana y misteriosa.

El plan de viaje, intenso. Llegaré a Bucarest donde mis acompañantes me recogerán para desplkazarnos en coche hasta Brasov. De ahí, vuelta a Bucarest y al día siguiente, viaje hacia Constanza y Costinesti, en la costa del Mar Negro, donde vigilaré mis modestas inversiones. Mucha carretera y poco tiempo para descubrir. Veremos qué da de sí el viaje.

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DÍA 1 : DE VALENCIA A BUCAREST
(10/3/2008)

aeropuerto baneasaDebido a la gran colonia rumana existente
en España y especialmente en la zona de Castellón, existen buenas conexiones aéreas entre el aeropuerto de Valencia y la capital rumana, así como otras ciudades del país.
Mi vuelo de ida, de la low cost rumana Blue Air parte a media mañana. El vuelo hace una escala en la ciudad rumana de Arad -parece interesante desde el avión-, antes de retomar viaje hacia Bucarest. Si el vuelo directo dura unas dos horas y cuarenta minutos, al realizar escala hay que añadir otra hora al tiempo total de viaje. No hay prisa.

Alrededor de las cinco de la tarde, mi avión aterriza en el aeropuerto Baneasa, al norte de Bucarest. Este pequeño aeropuerto, -el segundo de la ciudad después del Henri Coanda, más al norte-, está prácticamente integrado en la ciudad, lo cual es una ventaja a la hora de desplazarse desde y hacia el aeropuerto. Aunque seguro será una incomodidad para los habitantes de los barrios residenciales cercanos.

Tras la llegada y pasar los oportunos controles de seguridad, me reciben en el aeropuerto mis compañeros de viaje, que llegaron ya a Bucarest hace un par de días. Me informan que haremos unas gestiones en el centro de la ciudad y después partiremos hacia la región de Transilvania, para hacer noche en Brasov, ciudad donde tenemos previsto ver unos terrenos. Me parece perfecto.

Este primer paseo en coche por Bucarest me sirve para tomar un primer contacto con la ciudad. Las primeras sensaciones son un tanto imprevistas: no esperaba una ciudad tan evidentemente próspera. Los automóviles de gama alta son una constante en el centro de Bucarest, apenas se ven Dacia de fabricación nacional. La ciudad es una explosión de reclamos publicitarios y comercios. Aquí y allá se levantan edificios modernos que se alternan en apartente desorden con edificios viejos o incluso con las grandes construcciones de la época comunista. La sensación de desorden en el urbanismo será una constante que me acompañará en cada uno de los rincones que visite del país.

Atravesamos la capital de norte a sur, cruzando por la Calea Victoriei, principal arteria de la ciudad, hasta llegar a la inmensa Plaza Unirii, de donde parte el bulevar Unirii que desemboca en el Palacio del Pueblo, un gigantesco edificio construido en el final del régimen comunista, y que pretendía ser la sede de todos los órganos del gobierno, aunque nunca llegó a cumplir esta función. Me tomo mi tiempo para acercarme caminando a este colosal edificio, el mayor del planeta después del Pentágono estadounidense, otro producto arquitectónico de la guerra fría. Eran tiempos complejos. Aunque viendo el tamaño y la grandiosidad de estas construcciones, parece que eran tiempos... de complejos.

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palacio del pueblo de bucarest

El Palacio del Pueblo del ex dictador Ceaucescu. Edificio grande, ande o no ande.

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DE BUCAREST A BRASOV

La noche ha caído ya hace un par de horas sobre la capital rumana cuando mis compañeros de viaje y yo dejamos en coche la ciudad en dirección a Brasov. Dejar por el norte Bucarest cogiendo la autopista E60, me permite ver las extesas zonas comerciales de las afueras de la capital. Según me cuenta Claudio, nuestro chófer y guía, los hipermercados y macrotiendas que estoy viendo, han aparecido en los últimos cinco años. Es una señal más de cuánto está avanzando la economía rumana, al menos en las grandes ciudades.

La moderna autopista nos lleva hasta Ploiesti primero, a 60 kilómetros de Bucarest y hasta Cimpina y Sinaia después, a 120 kilómetros de nuestro punto de partida. En los últimos kilómetros antes de Sinaia, el paisaje cambia y de las llanuras que rodean la capital, se va ascendiendo poco a poco al paisaje alpino que ofrecen los omnipresentes Cárpatos, las montañas rumanas. Es precisamente en la bonita localidad de Sinaia, donde decidimos hacer un alto para comer algo. Son más de las diez de la noche y no es fácil cenar en Rumanía despues de las once. El buen criterio de Claudio, nos lleva hasta la Taverna Sarbului, un afamado restaurante de especialidades serbias con establecimientos en Sinaia, Bucarest, Timisoara y Brasov, que resulta ser delicioso. Sin ser capaz de recordar el nombre de uno solo de los platos que probamos, sí diré que uno de ellos me recordaba a la butifarra amb mongetes catalana; otro era una especie de hamburguesa especiada muy sabrosa; otro era un guiso delicioso... Todo ello acompañado de un excelente pan crujiente y circular -parecido al pan berber de Marruecosí-, quesos y salsas. Excepto el vino tinto rumano, poco acertado, la cena fue sin duda excepcional. Y muy calórica, aunque debido al frío de la noche, se agradece. Está comenzando a nevar cuando salimos de Sinaia rumbo a Brasov.

Seguimos hacia el norte y tras avanzar unos 45 kilómetros, pasando por la ciudad de Predeal, llegamos al llano donde se yergue la ciudad de Brasov, desierta a esas horas. Es medianoche. Nuestro chófer propone hacer noche en un lugar llamado Poiana Brasov, una exclusiva zona residencial y de ocio de esquí y montaña, a poco más de 15 kilómetros de Brasov. Allá que nos vamos.

Tras unas vueltas por la zona, muy tranquila hoy lunes, viendo desde el coche la variada oferta de alojamientos de la zona, no sin cierta dificultad dado lo mal iluminados que están muchos de los establecimientos, acabamos cogiendo habitación en el interesante Hotel Alpin que ofrece unas modernas y amplias habitaciones perfectamente decoradas, con vistas a las pistas de esquí. Pero eso, lo descubriré por la mañana. :)

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Vista diurna de Poiana Brasov. Montaña y esquí.

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DÍA 2 : POIANA BRASOV Y BRASOV
(11/3/2008)

La luz del sol que rebasando las montañas consigue entrar por la ventana de mi habitación en el hotel Alpin, me despierta. Hace un día fantástico. A través de la ventana se descubre un paisaje que anoche no pude ver: por las laderas de las montañas nevadas, sembradas de pinos aquí y allá, pequeños grupos de esquiadores descienden zigzagueantes. Doy un rápido paseo a pie por la zona, mis compañeros de viaje duermen todavía. A la luz del día, Poiana Brasov muestra su verdadera cara. Es una zona preparada para el ocio de vacaciones o fin de semana con hoteles en general de categoría alta, restaurantes y servicios turísticos. El aire es frío, limpio y suavemente aromatizado. Es agradable.

Casi a mediodía, me reuno con mis compañeros y de nuevo proseguimos viaje. La idea es ir directamente hasta Constanza, hacer noche allí. Un viaje de unos 350 kilómetros. Pero antes, visitaremos la ciudad de Brasov. Con más de 300.000 habitantes, Brasov es la ciudad más importante de la región de Transilvania.

A medida que nos acercamos por la serpenteante carretera de montaña, descendiendo desde Poiana Brasov, la ciudad de Brasov se va dejando ver. Sorprende la presencia en el paisaje de la ciudad de una gigantesca chimenea industrial, de nuevo recuerdo de la época comunista.

Tras dejar el coche en un aparcamiento , nos disponemos a dar un paseo por el centro de la ciudad. El día es soleado y pese al viento frío, es agradable poder caminar.

 

La plaza Sfatului, donde se inicia nuestro paseo, es un acogedor espacio público donde podemos ver arquitectura tradicional de la zona. La mayoría de los edificios están en buen estado de conservación, pero alguno de ellos amenaza a derrumbe. El día soleado ha animado a muchos habitantes de la ciudad y a un puñado de visitantes a disfrutarlo en este espacio.

Desde ahí, descendemos por una amplia calle peatonal llamada Republicii, que presenta una gran actividad comercial. De hecho, esta parece ser la principal actividad en la zona. Establecimientos comerciales de todo tipo abren sus puertas para los rumanos que vienen y van. Tomamos un café en uno de los establecimientos de la calle Republici, antes de reanudar viaje.

Me llevo una excelente impresión de esta acogedora ciudad, que apetece conocer mejor.

Será ya en mi próximo viaje a Rumanía.

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Plaza Sfatului. Centro de Brasov.

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CIRCULANDO POR LA RUMANÍA RURAL

Tras nuestra interesante visita a Brasov, retomamos camino hacia Constanza. Pero antes haremos una parada para disfrutar de la gastronomía local. Nuestro guía Claudio, nos lleva hasta la localidad de Predeal, al sur de Brasov, donde nos detenemos en el hotel restaurante Cabana Vanatorilor o lo que es lo mismo La Cabaña del Cazador. Este restaurante ubicado en plena zona de caza mayor, decorado con dudoso gusto a base de animales disecados y pieles de oso y jabalí, ofrece una excelente carta a base de carnes de caza de la zona. El menú que elegimos consta de el imprescindible caldo, solomillo de ciervo, guiso de cabra y un plato exótico para mi paladar: cecina de oso frita. Sencillamente delicioso, aunque muy calórico.

Tras el festín, de nuevo a la carretera. Seguiremos viaje haciendo antes una parada que nuestro guía nos recomienda: el Castillo de Bran. Se trata de una imponente construcción situada en la frontera sur de Transilvania con Valaquia construida inicialmente por los caballeros teutónicos en el siglo XIII. Este castillo es hoy en día un centro de atracción turística dado que se supone que el escritor irlandés Bram Stoker ambientó su novela "Drácula" en este castillo , aunque no fue este nunca el hogar de Vlad Draculea -Vlad el Empalador para los amigos-, el gobernante rumano del siglo XV en que Stoker se inspiró. Probablemente la leyenda sea falsa, pero eso no es obstáculo para que los habitantes de la zona de Bran aprovechen su atracción turística.

Dado que el castillo se encuentra hoy cerrado al público, la visita es más bien corta, limitándonos a observar su exterior y hacernos la foto adjunta a este texto. Viva el turismo.

De nuevo en carretera, nos dirigimos hacia Bucarest para seguir luego hacia la costa del Mar Negro. Claudio, nuestro chófer, intérprete y guía elige una ruta alternativa a la autopista E60, presuntamente más rápida. En realidad, la carretera por la que circulamos supuso un retraso de más de dos horas en el viaje, pero eso sí, nos dio la oportunidad de atisbar el aspecto de la Rumanía rural. La carretera serpentea entre valles y montañas de gran belleza, mientras aquí y allá aparecen pequeñas viviendas rurales más o menos miserables, desde las que algunos campesinos nos hacen señas con la esperanza de que paremos a comprar alguno de sus productos artesanales como el queso o el brandy de ciruelas. Mientras hay luz natural, disfruto del paisaje. Con la caída del sol, el viaje pierde interés, para convertirse en un pesado trámite que hay que pasar.

Bien entrada la noche, y tras haber enlazado por fin con la autopista, llegamos a Bucarest. Estamos demasiado cansados como para seguir en carretera otros 200 kilómetros hacia Constanza. Decidimos buscar hotel y seguir mañana viaje hasta la costa del Mar Negro. No hay prisa.

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Los Cárpatos. En algún lugar cerca del Castillo de Bran.

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BREVE INCURSIÓN EN LA NOCHE DE BUCAREST

Llegamos a Bucarest y tras un par de intentos fallidos de encontrar habitación en el carísimo y exclusivo Hotel Novotel y en el económico y funcional Hotel Ibis, acabamos alojándonos en el sencillo Hotel Andy, un tres estrellas de nueva construcción situado en frente de la Gara de Nord, la principal estación de trenes de la capital. Es acogedor y económico. Servirá para pasar la noche.

Tras instalarnos en nuestro alojamiento, decidimos conocer la noche de Bucarest, desconocida para mí. Es casi media noche por lo que el primer problema resolver es encontrar un lugar donde poder cenar. En Rumanía casi todos los restaurantes cierran a las 23 horas, pero en la capital hay alguna solución para cenar a deshoras. El Zet Restaurant -Str. Palatui de Justitie 60- es la mejor opción. Este coqueto restaurante abre 24 horas al día y ofrece una sorprendente, extensa y variada carta que incluye especialidades rumanas y cocina internacional, servidas correctamente. Allí disfrutamos de una excelente cena a base de las imprescindibles sopas, sarmale, mamaliga y pescados, regados con un buen vino blanco rumano, mucho mejor que los poco consistentes vinos tintos del país. La noche empieza bien.

Pese a nuestro cansancio, insisto en llevar al grupo a tomar una copa en alguna zona animada de la ciudad. La zona del down town, al sur de la capital, es una de las más animadas. Mis compañeros de viaje me llevan al interesante bar Down Town, un anímadisimo pub donde se pincha música electrónica europea y norteamericana mientras las bellas gogós -habituales en cualquier local nocturno de Bucarest-, hacen las delicias de un público mixto, formado tanto por grupos de hombres solos como por parejas mixtas e incluso grupos de mujeres. Animadísimo.

El cansancio hace mella en el grupo y decidimos retirarlos a descansar al hotel. No funcionan los deseperados intentos de nuestro taxista por llevarnos a uno de los numerosos night's club de la ciudad, donde recibiría una sustanciosa comisión. La oferta de sexo de pago en Bucarest es posiblemente de las mayores de Europa.

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DÍA 3 : DE BUCAREST A CONSTANZA
(12/3/2008)

Amanece un nuevo día. Hoy partimos hacia la costa del Mar Negro, la salida al mar de Rumanía. El primer tramo de nuestra ruta por carretera será llegar hasta Constanza, una de las más importantes ciudades rumanas, capital de la provincia de Drobrogea, la única del país con salida al mar. Son 220 kilómetros de carretera, que se cubren en una primera fase con facilidad gracias a la recién estrenada autopista A1, recien estrenada. Tan nueva es esta autopista que todavía no se han habilitado en ella gasolineras y ni áreas de servicio. Y esto es así durante unos 150 kilómetros aproximadamente, hasta llegar a la localidad a Fetesti..

AUTOPISTAEl viaje por la A2 es de una total monotonía. La carretera es prácticamente recta y atraviesa los llanos al este de Bucarest. El paisaje no ofrece más que llanuras agrícolas y algún pequeño núcleo urbano aquí y allá. Hasta que no se llega a unos 50 kilómetros de Constanza, el paisaje se mantiene monótono. Después de Fetesti, el paisaje y la carretera cambian, mejorando el primero y empeorando la segunda. En un futuro cercano se prolongará la A2 hasta Constanza. Los alicientes que ofrece esta segunda parte del viaje son atravesar un afluente del Danubio y un canal artificial que parte del mismo hasta el Mar Negro. Especialmente interesante me resulta observar la megalítica estructura metálica del puente que cruzan el río Cerdavoda y sobre el cual se sitúa la vía férrea. Otro recuerdo de la época comunista.

Hacia las dos de la tarde, tras más de tres horas de carretera, llegamos a Constanza, el principal núcleo urbano de la costa rumana. Nuestra visita a esta animada ciudad de más de 300.00 habitantes, se limita a un rápido tour en coche y a una comida en un poco recomendable restaurante frente al mar donde, incomprensiblemente, no sirven el típico esturión a la parrilla, ni tienen caviar. Esto es como llegar a Valencia y que no tengan paella. Desde el restaurante podemos ver el paisaje de las playas de Constanza e intuir más al sur la gran estructura del puerto marítimo de la ciudad, el gran puerto comercial de Rumanía. Tras la comida, seguiremos visitando el litoral en dirección sur.

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COSTINESTI Y ALREDEDORES

El viaje prosigue. Quedan pocas horas del sol y el tiempo apremia. Pretendemos visitar las zonas turísticas costeras de Rumanía. Salimos de Constanza en dirección sur, hacia la ciudad de Mangalia y la frontera con Bulgaria, donde no llegaremos.

Nuestra primera parada es la población de Costinesti, a unos 30 kilómetros al sur de Constanza. Pese a que en esta época del año el lugar se presenta semidesierto, este pequeño núcleo urbano costero es el lugar preferido de veraneo de los universitarios y jóvenes rumanos. La ciudad, con una ordenación urbanística caótica, está creciendo hacia el norte, donde están surgiendo residencias privadas y apartamentos promovidos por empresas locales y extranjeras. Es en esta zona donde se levanta en las aguas del Mar Negro el símbolo de la ciudad, el "Evangelia". Se trata de un carguero de bandera griega propiedad del armador Onassis, que encalló en los años cuarenta frente a la ciudad. Con el tiempo, se ha convertido en el icono de Costinesti.

Tras la necesaria foto frente al barco, visitamos las promociones urbanísticas que algunos empresarios de mi ciudad están desarrollando en esta ciudad, todavía virgen para el turismo en muchos aspectos.

El día acaba y nos apresuramos a continuar nuestra exploración de la costa rumana. Al sur de Costinesti, y antes de llegar a Mangalia, visitamos un gran complejo turístico formado por gigantescos hoteles y excelentes playas creadas artificialmente mediante la instalación de espigones paralelos a la costa. El complejo, cuyas zonas se diferencian con nombres de planetas del sistema solar, está en aparente decadencia. En este lugar, según me cuenta Claudio, es donde los trabajadores y sus familias disfrutaban de sus vacaciones en periodo de verano. Actualmente, muchos de los hoteles siguen operativos y funcionando, pero otros muchos se encuentran en ruinas, lo cual da un toque fantasmal a la zona, y más en esta época del año en que apenas hay nadie en el lugar.

La noche cae y reemprendemos el viaje de regreso a Bucarest. Mañana será mi cuarto y último día en Rumanía y pretendo dedicarlo a explorar la capital.

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DÍA 4 : BUCAREST BAJO LA LLUVIA
(13/3/2008)

Mi último día en Rumanía amanece lluvioso y con frío. Dedico las primeras horas de la mañana a dar un pequeño paseo bajo la fina lluvia por los alrededores de la Gare de Nord. Compro la prensa rumana que descifro no sin dificultad mientras tomo un excelente café en un local cercano, y aprovecho para escribir los textos de mi intervención en el espacio Gente de la Economía y la Empresa de Onda Cero Radio que grabaré mas tarde. Hablaré en el editorial de mis impresiones sobre la economía rumana. A media mañana, tras retirarme un tiempo a la habitación de mi hotel para grabar por teléfono mi intervención para la radio, desayuno con mis compañeros de viaje y me despido de ellos. Hoy daré un largo paseo por Bucarest para conocer mejor la ciudad. Y el mal tiempo no va a impedírmelo.

Mi paseo comienza en la inmensa Plaza Unirii, cercana al Palacio del Pueblo, que ya visité en mis primeras horas en Bucarest. Esta plaza, de grandes dimensiones, es el centro neurálgico del sur de la ciudad. El tráfico intenso y el ir y venir de peatones sucede bajo la gran cantidad de carteles y luminosos publicitarios que invaden las principales ciudades rumanas. Se abusa de la utilización de este medio. Desde la Plaza Unririi me dirijo al norte por el bulevar Brantianu. Mi intención es llegar hasta la plaza Universitatii, centro universitario de Bucarest, para desde ahí tomar en dirección norte la calle Victorei, la principal arteria de la urbe.

Una de las primeras sensaciones que invaden al paseante es el sabor agridulce que produce Bucarest. Esta ciudad es al mismo tiempo próspera y decadente, moderna y ranciamente antigua. Los modernos edificios y establecimientos conviven con patrimonio urbanístico bien conservado. Pero al mismo tiempo, se mezclan con edificios ruinosos, patrimonio en lamentable estado de conservación y solares llenos de escombros y basura. Ciudad de contrastes. Se puede observar pobre el terreno el resurgimiento de la nueva Bucarest sobre las cenizas de la vieja capital comunista. Pero este resurgimiento se está haciendo de manera desordenada. La planificación urbanística es una asignatura pendiente en toda Rumanía. Aquí y allá, emergen grandes grúas que indican la gran actividad urbanística de la ciudad. Sorprende al viajante el caos del tendido eléctrico, principalmente aéreo que afea sobremanera la ciudad. Los cables y los carteles publicitarios afean el centro histórico de la ciudad.

La plaza de las Universidades es un espacio arquitectónico interesante los edificios de las diferentes facultades están bien conservados y bien merecen una visita. La lluvia se intensifica, por lo que decido visitar la estación de metro de la plaza, esperando que arrecie. El metro de Bucarest es sombrío, destartalado, pero muy animado. En el oscuro pasaje subterráneo de la plaza existe una galería comercial con gran actividad, probablemente todo el mundo ha decidido refugiarse de la lluvia aquí. Valoro por un instante subirme al metro, pero finalmente decido seguir mi plan inicial de ruta. La lluvia baja en intensidad. Sigo mi paseo. Desde Universitatii, tomo el bulevar Regina Isabeta para encontrarme por fin, con la calle Victorei, la principal y más afamada calle del "París de los Balcanes" que es como algunos llaman a esta ciudad. No es para tanto.

La calle Victoriei, estrecha en su tramo más al sur, es una sucesión de edificios históricos, modernos comercios y hoteles, solares y edificios ruinosos, edificios en construcción, casinos -hay muchísimos en la ciudad- y algún que otro night club -locales de alterne-. Mención especial merecen edificios como el Ateneo Romano, el Museo Nacional Cotroceni, cuyas imágenes publico en esta página, además del Museo de Arte de Rumanía y otros edificios interesantes que no consigo identificar -no llevo guía-. Si se tiene poco tiempo, como es mi caso, el recorrer esta calle es una forma rápida de conocer la ciudad.

La calle Victorei termina en una gran plaza, la Piata Victoriei, donde se encuentra el imponente edificio del Parlamento -o era el Ayuntamiento?- que reproduzco junto a este texto. Esta plaza es otro de los punto neurálgicos de la ciudad, en su zona norte. Más allá se extiende el Parque Kiseleff que descarto visitar debido a la lluvia y el frío que persisten. Otra vez será.

Opto por dirigirme al sureste por el bulevar Lascar Catargiu. Descubro que en esta avenida se concentran las embajadas extranjeras en Bucarest, además de algunas ostentosas oficinas comerciales de empresas extranjeras. Aquí y allá, edificios ruinosos. De uno de ellos sale un harapiento anciano que me pide fuego por señas. Establecemos una breve conversación con una mezcla de francés e inglés. El hombre me cuenta que todo está muy mal en Rumanía. Es evidente que a él le va peor que a sus vecinos de calle. Ciudad de contrastes. Le regalo mi encendedor y uno de mis cigarrillos.

Mis pasos me llevan hasta la plaza Romana, otro cruce de caminos. Un inmenso montaje publicitario de Coca Cola -ver imagen más abajo- preside el enclave en lo alto de uno de sus edificios Si Ceaucescu levantase la cabeza...

Son más de las dos de la tarde, llevo más de dos horas caminando. El frío y la lluvia hacen mella en mí. La llamada salvadora de Ricardo me indica que se dirigen a comer. Me da las señas del restaurante donde nos reuniremos, cojo un taxi y allí me dirijo. Fin del paseo.

Nuestro último homenaje gastronómico lo celebraremos en uno de los restaurantes más típicos de Bucarest, el Caru'cu Bere , en pleno centro histórico de la ciudad. El restaurante está instalado en un impresionante edificio de finales del siglo XIX, casi un museo. El local es algo así como una cervecería a lo rumano. El fantástico ambiente, amenizado incluso por música en directo de un violinista, suple la calidad de su oferta gastronómica, que supera el aprobado y nada más. La especialidad de la casa, las jarras de cerveza y un plato consistente en una pieza de pierna de cerdo horneada y crujiente. Muy recomendable.

El unas horas sale nuestro vuelo. Esta vez volamos con Wizz Air, una compañía low cost Búlgara que opera también entre Valencia y Bucarest. Antes de partir, Claudio nos obsequia por un tour en coche por la zona residencial del norte de la ciudad, el barrio más exclusivo de Bucarest, lo que me descubre una nueva cara del "París de los Balcanes".

Hasta pronto, Rumanía. Volveré este verano.

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Anuncio en la Piata Romana. La publicidad exterior, omnipresente en Bucarest.

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Más información de interés sobre Rumanía

 

IDIOMA

El idioma oficial de Rumanía es el rumano. Rumanía, junto con la República de Moldavia, son los dos únicos países del este donde se habla una lengua de origen latino. Prestando atención, un latino se puede intuir el significado de muchas palabras escritas, dada su semejanza con el español o el italiano. Entender a un rumano cuando habla no es fácil. Su particular manera de hablar -rápido y con entonación- hace muy complicada su comprensión.

El viajero podrá moverse sin problemas por Rumanía hablando inglés. La gente joven y los habitantes de grandes ciudades manejan, al menos básicamente, esta lengua. Muchas personas hablan y entienden el español, dado el éxito de las telenovelas y de programas de televisión españoles y latinoamericanos en Rumanía que, incomprensiblemente, se emiten sin doblar.

 

MONEDA Y PRECIOS

Desde 2005 la moneda oficial de Rumanía es el NUEVO LEU, abreviado RON. Al 29/08, con un euro se consiguen 3,7235 RON. La moneda rumana ha tenido grandes devaluaciones en el pasado pero hoy por hoy es una divisa bastante estable, al igual que la economía del país. Curiosamente en Rumanía muchos precios, sobre todo si son de artículos de elevado precio, se anuncian en euros. Eso sí, a la hora de pagar, habrá que abonarlo en RON.

Hay grandes contrastes en los precios en Rumanía. Dependiendo de la zona del país, este puede ser un destino económico para el viajero o moderadamente caro. En Bucarest los precios están al nivel de europa, sin ser excesivamente caros. En zonas rurales los precios son mucho más económicos. En general la bonanza económica del país y su integración en la Unión Europea en 2007 han fomentado un aumento de los precios, especialmente en vivienda.

Es de prever que en el futuro Rumanía se integre en la zona euro y adopte la moneda comunitaria.

Más información sobre el LEU en wikipedia aquí
Ver cambio LEU-EURO actualizado al día de hoy aquí

 

ALOJAMIENTO

Bucarest y todas las ciudades rumanas tienen una buena oferta hotelera. Hay muchos precios y calidades, por lo que conviene informarse antes de decidirse por una opción.

En la capital, por ejemplo, hay hoteles en los que se pide por una habitación más de 300 €/noche. Si uno no busca grandes lujos, puede alojarse en un hotel digno y de calidad por apenas 50 €/noche. Conviene investigar y valorar opciones.

 

TRANSPORTE

La red de carreteras de Rumanía está en plena remodelación. Las autopistas que parten de Bucarest han sido construidas en los últimos años y son de calidad. En otras zonas del país conviene informarse. Muchas carreteras, especialmente en zonas rurales, pueden estar en mal estado. Si va a viajar por estas zonas convendrá valorar disponer de un vehículo 4x4.

Los taxis son baratos y eficientes en Bucarest. Los taxistas esperan una propina del 10% sobre el precio de la carrera.

La red ferroviaria tiene buena prensa, aunque no he tenido ocasión de utilizarla todavía.

Más información sobre el transporte interno en Rumanía aquí

 

COMIDA

La comida rumana es muy interesante. Cualquier comida que se precie comenzará con una ciorba o sopa. Las hay de muchas variedades, casi siempre con carne y aderezadas con crema agria de leche. Algunos platos típicos son el sarmale, rollos de col o vid con carne o el mamalinga, pan de maíz servido con nata y quesos. Especial mención merecen las carnes y embutidos. Entre los pescados los reyes son la carpa del Danubio y el esturión del Mar Negro y su afamado caviar.

Rumanía es un gran productor de vinos. Los tintos no gustarán al aficionado por su falta de cuerpo. Sin embargo pueden encontrarse vinos blancos muy interesantes.

Más información sobre gastronomía rumana en wikipedia aquí

 

SEGURIDAD

Rumanía es un país muy seguro. En Bucarest, aunque puede haber algún barrio conflictivo como en toda gran ciudad, se puede circular por el día y por la noche a cualquier hora sin incidencias.

 

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